Revista de Salud 🌎Tendencias en México

“A los 56 años, ya había aceptado que tenía las manos inservibles. Entonces descubrí algo que nadie me había contado.”

Después de años despertándose con la mano muerta y escuchar que “puede que esta sea tu nueva normalidad”, una mujer de 56 años de Guadalajara escribe la carta que le hubiera gustado recibir dos años antes.

★★★★★★★★★★ 3,791 valoraciones

Si estás leyendo esto a las 3 de la mañana porque otra vez te despertaste con la mano completamente dormida...

Si ya sabes que tienes que sacar el brazo de la cama y dejarlo colgando unos minutos para que esa sensación empiece a bajar...

Si alguna vez te has levantado medio dormida a abrir el agua caliente para intentar que tus dedos vuelvan a responder...

Si ya te da miedo agarrar una taza caliente, un plato o cualquier cosa que pueda romperse porque últimamente las cosas simplemente se te resbalan de la mano...

Te escribo esto a ti.

Porque yo era tú.

Hace dos años, ya estaba planeando mi propio funeral.

No literalmente.

Pero empecé a hacer lo que uno hace cuando cree que esto ya no va a cambiar.

Dejé de hacer cosas que me gustaban. Evitaba manejar siempre que podía. Cocinaba con miedo de que algo se me cayera. Y algunas noches ni siquiera conseguía dormir más de tres o cuatro horas seguidas.

Tenía 56 años.

Para entonces ya había usado férulas durante meses. Al principio me ayudaban.

Después dejaron de hacerlo.

Había probado reposo, estiramientos y todo lo que me recomendaban para “aguantar un poco más”.

Y cada vez escuchaba lo mismo:

“Si sigue empeorando, tarde o temprano habrá que operar.”

Y yo me lo creí.

Porque para entonces sentía que ya lo había intentado todo.

Y nada había funcionado.

Los 7 años anteriores

Despierta a las 3 de la mañana con la mano dormida

Mi túnel carpiano empezó en 2019.

Tenía 49 años.

Hasta entonces, mis manos simplemente hacían lo que les pedía.

Cocinaba. Manejaba. Cargaba las bolsas del mandado. Escribía. Abría frascos. Agarraba una taza de café sin tener que pensarlo dos veces.

Nunca imaginé cuánto dependía de ellas.

Hasta una mañana.

Me desperté y no sentía bien los dedos de la mano derecha.

No era solo dolor.

Era una mezcla extraña de hormigueo, entumecimiento y debilidad. Como si la mano siguiera ahí, pero no terminara de responderme.

La sacudí.

La moví.

Esperé a que se me “despertara”.

Pero empezó a pasar una y otra vez.

Primero solo por las noches.

Después también durante el día.

Hasta que una mañana agarré una taza y se me resbaló de la mano.

Ahí fue cuando me asusté.

Fui al médico y, después de revisarme y hacerme estudios, escuché por primera vez esas dos palabras:

“Túnel carpiano.”

Nunca les había prestado demasiada atención.

Las aprendí rápido.

El desfile de fracasos

Cosiendo

Lo que siguió fueron 7 años de lo que ahora llamo el desfile.

Todos los que llevaban bata blanca tuvieron su turno.

Férula de noche: todas las noches durante meses. Al principio fue una maravilla. Dejé de despertarme tantas veces y pensé que quizá aquello era todo lo que necesitaba. Después volvió el hormigueo. Luego volvió la mano dormida. Algunas noches acababa quitándomela porque sentía la mano demasiado caliente. Cuando se lo conté al médico, me dijo que era hora de probar el siguiente paso.

Fisioterapia: 12 semanas, dos veces por semana. Ejercicios de movilidad, estiramientos y fortalecimiento de la muñeca. Mi fisioterapeuta era buena y yo hacía también los ejercicios en casa. Había días en los que parecía mejorar. Pero seguía despertándome de madrugada con los dedos dormidos.

Reposo: primero una semana. Después dos semanas completas intentando usar la mano lo mínimo posible. Mientras descansaba, mejoraba. En cuanto volvía a cocinar, manejar, escribir o cargar las bolsas del mandado, regresaba. Mi médico seguía diciendo que necesitaba darle descanso. Yo seguía pensando lo mismo: ¿cómo se supone que dejo de usar mis manos?

Cambios ergonómicos: mouse vertical, teclado nuevo, reposamuñecas y una postura diferente frente a la computadora. Durante casi un año fui cambiando una cosa detrás de otra. Trabajar se volvió algo más cómodo. Pero a las 3 de la mañana mi mano seguía completamente dormida.

Infiltraciones de cortisona: ahí sí pensé que por fin habíamos dado con algo. La primera me dio varias semanas de alivio. La segunda duró menos. Cuando los síntomas regresaron otra vez, me ofrecieron repetirla.

Empecé a entender lo que significaba “ganar tiempo”.

Antiinflamatorios y pastillas: también tuvieron su turno. Probé lo que me recetaban porque a esas alturas habría hecho casi cualquier cosa por dormir una noche completa. Algunas me sentaban mal. Otras apenas cambiaban nada. La mano seguía dormida. El hormigueo seguía ahí.

Hielo, calor, masajes y estiramientos: ya sabes a qué me refiero.

Tenía una pequeña colección de cosas que me daban alivio durante un rato.

Y después todo volvía.

Para 2021, la conversación en el consultorio ya había cambiado.

Ya no hablábamos de otra férula.

Ni de otro mouse.

Ni de otros estiramientos.

Hablábamos de cirugía.

La cirugía era mi último recurso.

Mi cirujano —un buen hombre, sigo creyéndolo— me explicó que, después de todo lo que habíamos intentado, la liberación del túnel carpiano era el siguiente paso.

Me dijo que había buenas posibilidades de que por fin dejara atrás el entumecimiento y las noches sin dormir.

Y le creí.

¿Cómo no iba a hacerlo?

Llevaba 7 años pasando de una bata blanca a la siguiente, haciendo exactamente lo que me recomendaban.

Así que acepté.

Me operaron en marzo de 2022.

Entré al quirófano pensando que aquella sería, por fin, la última vez que tendría que preocuparme por mi mano.

Me desperté con esperanza.

Y durante un tiempo...

pensé que había funcionado.

La mañana en que supe que había fracasado

En la consulta del médico

Era un sábado de septiembre.

6 meses después de la operación.

Había vuelto a despertarme varias veces por la noche porque no encontraba una posición en la que la mano dejara de dormirse.

Abrí los ojos.

Intenté mover los dedos.

Y ahí estaba otra vez.

El mismo hormigueo.

El mismo entumecimiento.

La misma sensación de tener una mano que estaba ahí... pero que no terminaba de responderme.

El mismo miedo que había sentido aquella mañana de 2019.

Me senté en el borde de la cama y lloré como no había llorado en años.

No por el dolor.

Por darme cuenta de lo que estaba pasando.

Lo había intentado todo.

Y estaba exactamente donde había empezado.

En realidad, no.

Estaba peor.

Porque ahora ya me habían operado.

Había pasado por la recuperación.

Había soportado las molestias.

Había puesto todas mis esperanzas en que aquella operación fuera el final de todo esto.

Y aun así, seis meses después, volvía a despertarme de madrugada con la mano dormida.

Cuando regresé al cirujano para la revisión se lo conté.

Me examinó la mano, escuchó lo que le explicaba y me dijo algo que todavía recuerdo:

“Yolanda, a veces estas cosas no nos dan el resultado que esperábamos. Esta puede ser tu nueva normalidad.”

Mi nueva normalidad.

A los 56 años.

Fue entonces cuando empecé a pensar que quizá aquello sí iba a ser mi vida para siempre.

La conversación que me salvó

En septiembre de 2024, mi hija me llamó para preguntarme si podía cuidar a los gemelos en su fiesta de 4º cumpleaños.

Me senté en el banco de la cocina con el teléfono en la mano y le dije que no podía.

No confiaba en poder cargar a uno de ellos si se caía.

No quería prepararles la cena con miedo a que algo caliente se me resbalara de la mano.

Ni siquiera podía manejar los 90 minutos hasta su casa sin que los dedos empezaran a dormírseme.

Me había convertido en alguien que decía que no a la fiesta de cumpleaños de sus nietos.

Esa misma semana, en el club de costura que había dejado de organizar 2 años antes, una mujer llamada Rosa me apartó a un lado.

La conocía desde hacía 6 años. Me había visto empeorar en cada reunión.

Su hermana mayor había pasado por una liberación del túnel carpiano “exitosa” y, tiempo después, había vuelto a sufrir entumecimiento y hormigueo.

Después de verla dejar de manejar, despertarse llorando por las noches y abandonar poco a poco las cosas que le gustaban, Rosa se pasó meses leyendo todo lo que encontró sobre el túnel carpiano.

Buscaba justo aquello que todos estaban pasando por alto.

Me dijo que llevaba más de un año queriendo preguntarme algo, pero que no sabía cómo.

Y entonces me lo preguntó: “Yolanda. En 9 años, ¿alguien te ha hablado alguna vez de la Hipoxia Endoneural?”

No entendí a qué se refería.

Nunca había oído esas palabras.

En 9 años. Con 9 especialistas. A través de férulas, infiltraciones y docenas de sesiones de fisioterapia. Después de una cirugía en la que me abrieron el túnel carpiano para liberar el nervio mediano.

Nadie.

Ni una sola vez.

Le dije que no, y ella me contestó: “Eso es lo que me imaginaba”.

Rosa me lo explicó allí mismo, cuando ya se había ido casi todo el mundo. Me llevó veinte minutos.

Voy a intentar contártelo igual que ella me lo contó a mí.

Lo único que nadie me contó

Diagrama del túnel carpiano y el nervio mediano

Hay un conjunto de diminutos vasos sanguíneos que recorre y alimenta el nervio mediano.

Estos pequeños vasos se encuentran dentro y alrededor del propio nervio mientras atraviesa el túnel carpiano. Nunca te los han mostrado en un diagrama.

Tu médico probablemente nunca te ha hablado de ella.

Y no existe ningún método estándar que te permita comprobar fácilmente si están funcionando correctamente.

Pero es, sin exagerar, el punto más importante para que tu mano conserve la sensibilidad y responda con normalidad en el día a día.

Porque el nervio mediano necesita un aporte constante de oxígeno para transmitir correctamente las señales que te permiten sentir, mover y controlar los dedos.

Cada vez que mueves los dedos, agarras algo, escribes o manejas, estos pequeños vasos llevan oxígeno al nervio mediano para que pueda transmitir sus señales con normalidad.

No sientes que esté ocurriendo. No piensas en ello. Simplemente funciona.

Hasta que un día, deja de hacerlo.

La verdadera razón por la que tu nervio mediano deja de responder

Vasos sanguíneos comprimidos frente a vasos abiertos

Entonces Rosa me dijo algo que me hizo dejar mi taza de café:

“El problema no está en tu nervio, Yolanda. Está en los vasos sanguíneos que lo alimentan.”

“Es una reacción en cadena. Años de uso repetitivo van engrosando y congestionando los tejidos dentro del túnel carpiano. Cuando ocupan cada vez más espacio, aumenta la presión sobre esos pequeños vasos.”

“Estos se comprimen, y no proporcionan suficiente oxígeno a un nervio que con el tiempo cada vez funciona peor.”

Puedes probar férulas, estiramientos, fisioterapia, infiltraciones o distintas formas de aliviar la muñeca, pero ninguna de ellas actúa sobre la causa raíz: el déficit de oxígeno que sufre el nervio mediano.

Este proceso se conoce como hipoxia endoneural.

Y cuanto más tiempo se mantiene esta situación, mayor es la probabilidad de que se vuelva irreversible.

Por qué todos los tratamientos me habían fallado

Férula, pastillas y vaso de agua en la mesita de noche Cicatriz tras la cirugía de túnel carpiano

Aquella tarde me senté en la mesa de la cocina y lloré durante veinte minutos.

Porque, por primera vez en 7 años, todo tenía sentido.

La fisioterapia no había funcionado porque estaban intentando fortalecer y movilizar mi muñeca pero el verdadero problema se encontraba dentro, no afuera.

Construir una casa sobre arenas movedizas.

Por la misma razón que las férulas no funcionaron: podían mantener mi muñeca en una posición más cómoda, pero no hacían nada para reactivar los músculos ni mejorar el aporte de oxígeno al nervio.

Las inyecciones me habían dado resultados temporales, aunque cada vez peores porque podían reducir la hinchazón durante un tiempo, pero no actuaban sobre la raíz.

Los cimientos seguían derrumbándose.

Y la cirugía, a pesar de haberme costado un dineral, sí consiguió liberar espacio dentro del túnel carpiano para aliviar la presión sobre el nervio.

Durante meses pensé que por fin había encontrado la solución.

Pero finalmente, el hormigueo y el entumecimiento volvieron de nuevo.

Y yo me quedé con la cuenta… y con la cicatriz.

Tras 7 años de presión constante, sumado a la falta de oxígeno provocada por la compresión de los vasos sanguíneos, el nervio mediano llevaba mucho tiempo transmitiendo cada vez peor.

Tenía un nervio que había estado prácticamente inactivo durante 7 años.

Y a nadie se le había ocurrido volver a encenderlo.

Lo único que puede volver a despertarlo

Estimulación eléctrica neuromuscular en la muñeca

Rosa me dijo que solo había una cosa capaz de volver a hacer trabajar unos músculos que llevaban años debilitados y, con ellos, ayudar a reactivar la circulación que alimentaba mi nervio mediano.

No fue otra férula.

No fue otra infiltración.

No fue otra cirugía.

Era NMES.

Estimulación eléctrica neuromuscular.

No se trata de TENS. Lo dejó muy claro. TENS y NMES suelen confundirse; son tecnologías completamente diferentes.

La TENS actúa principalmente sobre las señales de dolor. Emite impulsos eléctricos. Alivia. Distrae.

La estimulación eléctrica neuromuscular (NMES) envía señales eléctricas dirigidas al interior del tejido muscular, provocando la contracción de las fibras musculares y haciendo trabajar de nuevo los músculos debilitados.

No le pide a los músculos de la zona que se activen.

Los enciende directamente.

Contracción tras contracción. Reactivando el músculo. Activando la bomba musculovenosa y favoreciendo el movimiento de sangre y fluidos.

Y, al mismo tiempo, ayudando a mover el líquido acumulado y favoreciendo el retorno venoso.

La estimulación eléctrica neuromuscular (NMES) lleva décadas utilizándose en rehabilitación y medicina deportiva para provocar contracciones musculares cuando se necesita recuperar o mantener la función del músculo.

Era exactamente lo que podía empezar a romper el círculo que Rosa me había explicado.

Pero hasta hace poco, este tipo de estimulación estaba asociado principalmente a equipos de rehabilitación y clínicas especializadas.

Entonces Rosa me habló de un dispositivo que había estado cambiando esto discretamente.

El dispositivo que me devolvió la vida

Dispositivo TheraPulse

Se llama TheraPulse™.

Es un dispositivo NMES de uso doméstico diseñado para provocar contracciones musculares en la zona de la muñeca y el antebrazo y activar el bombeo musculovenoso.

Pero esto es lo que lo diferencia de cualquier otro dispositivo NMES del mercado.

No solo estimula los músculos.

Provoca contracciones musculares y activa el bombeo musculovenoso, todo al mismo tiempo.

Rosa me explicó las dos fases:

Fase A: Bombeo Musculovenoso. Los impulsos eléctricos provocan contracciones suaves y rítmicas que hacen trabajar los músculos debilitados y activan la bomba musculovenosa. Contracción tras contracción, ayudan a mover la sangre y los fluidos y favorecen el retorno venoso, actuando sobre la parte del mecanismo relacionada con la falta de flujo y oxígeno que alimenta al nervio mediano.

Fase B: Reeducación. Mientras la Fase A pone en marcha el Bombeo Musculovenoso, la Fase B hace trabajar progresivamente la musculatura de la zona. Contracción tras contracción. Con el uso continuado, los músculos siguen activándose y el sistema de bombeo musculovenoso sigue trabajando de forma repetida.

En 15 minutos al día.

Ese era todo el protocolo.

Había gastado... había gastado... déjame ver.

Entre la cirugía, la fisioterapia, las infiltraciones, los medicamentos, las férulas y todo lo demás, gasté más de 180,000 pesos intentando solucionar mi problema de túnel carpiano en 7 años.

Y ahí estaba ese pequeño dispositivo, sobre el teléfono de Rosa, frente a mí.

$949 MXN.

María González
María González
★★★★★ Cancelé mi cirugía de túnel carpiano.
Reseña realizada en México el 27 de enero de 2026.
Compra verificada

Tenía programada una cirugía de liberación del túnel carpiano para febrero. Tres especialistas me dijeron que era mi única opción. Mi hija me rogó que probara Therapulse primero; me dijo que antes quería intentar un remedio no invasivo que había encontrado. Cancelé la cirugía. Diez semanas después, vuelvo a cocinar sin miedo a que se me caigan las cosas. El fin de semana pasado cosí durante horas por primera vez en cuatro años. Y por las noches ya no me despierto sacudiendo la mano.

A 76 personas les resultó útil.
Carlos Ramírez
Carlos Ramírez
★★★★★ Ojalá hubiera tenido esto antes de la cirugía.
Reseña realizada en México el 12 de abril de 2026.
Compra verificada

Me hicieron una liberación del túnel carpiano hace 2 años. “La cirugía salió perfectamente”, me dijeron. Mientras tanto, el hormigueo y el entumecimiento habían vuelto y otra vez se me resbalaban las cosas de la mano. Nadie me había mencionado nunca nada sobre la Hipoxia Endoneural. Después de 8 semanas con Therapulse, mi mano por fin vuelve a responder como antes.

A 53 personas les resultó útil.
Ana Martínez
Ana Martínez
★★★★★ Gasté miles de pesos en cosas que no me sirvieron
Reseña realizada en México el 21 de abril de 2026.
Compra verificada

Había gastado más de $50,000 pesos entre férulas, almohadillas térmicas, fisioterapia, medicamentos y tratamientos que prometían ayudarme pero nunca cambiaron nada de verdad. Cada vez que compraba algo nuevo, mi esposo me decía que iba a terminar siendo otra cosa más guardada en un cajón. Tres semanas después de empezar con Therapulse, dormí toda la noche por primera vez en 6 años. Me desperté a las 7 de la mañana y me di cuenta de que mi mano ya no se dormía. Lloré.

Como se ve en

Día 1: El momento en que supe que esto era diferente.

Mi marido me lo encargó en el Buen Fin.

Llegó ocho días después.

Seré sincera: abrí la caja casi sin esperanzas.

Me habían decepcionado tantas veces. Tantas “soluciones milagrosas” se habían convertido en adornos de cajón que no podía soportar emocionalmente otro fracaso.

Le dije a mi marido: “Si esto no funciona, voy a dejar de intentarlo”.

Lo decía en serio.

Día 1: Me coloqué TheraPulse alrededor de la muñeca. Comencé con una intensidad baja. Y sentí algo que no había sentido en 7 años.

Un pulso profundo.

No solo en la piel.

Adentro.

Fue extraño. Al principio, casi incómodo, porque sentía cómo los músculos de mi muñeca y antebrazo se contraen una y otra vez. Pero al décimo minuto, sentí la mano... diferente. No sé cómo describirlo. Como si algo hubiera empezado a despertarse.

Me quité la muñequera después de la sesión. Caminé hacia la cocina. Agarré mi taza de café. Y por un momento —un minuto entero— me olvidé de mi mano.

No había hecho eso en 7 años.

Semana 1: Las mañanas se volvieron más fáciles. Me despertaba con menos rigidez. Sostener la taza del café o agarrar el volante ya no me incomodaba igual. Incluso sentía que el antebrazo respondía mejor cuando movía la mano.

Semanas 2-3: Empecé a notar que el hormigueo aparecía menos veces y duraba menos. El agarre empezó a recuperar fuerza. Abrir un frasco, girar una llave o cargar las bolsas del mandado ya no me costaba tanto.

Semanas 4-6: Dejé de despertarme tantas veces de madrugada con la mano dormida. Empecé a dormir de un tirón y a levantarme descansada por primera vez en meses. Incluso empecé a recuperar sensibilidad en el pulgar, el índice y el dedo medio.

Semana 8 en adelante: Dejé de pensar en mi muñeca antes de hacer cualquier cosa. Volví a coser. A cargar a mis nietos. A utilizar mis manos sin preguntarme primero si iban a responder.

Lloré allí mismo, en mi cocina.

Mi marido me preguntó si estaba bien. Le dije: “Estoy usando mis manos sin pensar en ellas. Por primera vez en 7 años. Simplemente las estoy usando”.

Probablemente pensó que estaba perdiendo la cabeza.

Dónde estoy ahora

Escribo esto 14 meses después de aquella primera sesión.

El fin de semana pasado volví a organizar el club de costura.

El mismo que había dejado de organizar hace 2 años.

Volví a coser durante horas. Abrí un frasco sin pedir ayuda. Cargué —¡CARGUÉ, sin miedo!— a uno de mis nietos y preparé la cena sin pensar ni una sola vez en si algo se me iba a resbalar de la mano.

Ahora uso TheraPulse durante 15 minutos los lunes, miércoles y viernes. Esa es mi rutina de mantenimiento.

El resto del tiempo, mis manos simplemente responden.

Como deben hacerlo.

Como sucedía antes del 2019.

Lo que quiero que sepas

Lo que quiero que sepas

Si estás donde yo estaba (al borde de la cama, sacudiendo la mano, al borde de rendirte o de creer que esta es tu vida ahora)

Ya sea que tu cirujano te haya entregado un folleto sobre la liberación del túnel carpiano y estés tratando de decidir...

O si ya te han operado y sigues despertandote con el mismo hormigueo y entumecimiento que tenías antes...

Escribo esto porque me gustaría que alguien me hubiera enviado esta carta en 2024.

O 2022.

O 2019.

No has fracasado.

Tu mano no te ha fallado.

Hay un nervio en tu muñeca que lleva tiempo recibiendo menos oxígeno del que necesita para transmitir correctamente.

No estás roto.

Tu nervio está asfixiado.

Y hay una diferencia.

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✅ Doble acción: Fase A: Bombeo Musculovenoso + Fase B: Reeducación

✅ Sesiones de 15 minutos al día, el protocolo que había estado siguiendo desde el principio.

✅ Inalámbrico, portátil, fácil de usar.

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Menos de lo que había gastado probando muñequeras, medicamentos y tratamientos que solo me daban alivio temporal.

Menos de lo que costó la cena que mi marido y yo compramos para celebrar que volví a organizar el club de costura.

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Si no sientes lo mismo que yo (las contracciones profundas, la muñeca más suelta, la mano empezando a responder como antes) devuélvelo.

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Opiniones de los clientes

★★★★★ 4.8 de 5
3,791 valoraciones de clientes
5 estrellas90%
4 estrellas7%
3 estrellas2%
2 estrellas0%
1 estrella1%
Por Característica
Precio★★★★★5.0
Eficacia★★★★★5.0
Comodidad★★★★★5.0
Calidad★★★★★4.8

Comentarios

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Carmen Zepeda
Carmen Zepeda

¿Alguien puede dar fe de esto?

Me gusta · Responder · 👍 4 · 39 min
María Castañeda
María Castañeda

Este aparatito es fantástico. Se me dormía la mano constantemente, sobre todo por las noches. Después de un día usando mucho las manos, con solo 15 minutos sentía la muñeca mucho más suelta. Tengo túnel carpiano desde hace años y había probado muñequeras, pomadas y antiinflamatorios; nada me había ayudado tanto como esto. Me sorprende la diferencia.

Me gusta · Responder · 👍 7 · 16 min
Patricia Montaño
Patricia Montaño

¡Yo compré el mío a precio completo y ahora tienen un 60% de descuento! ¡Eso no es justo!

Me gusta · Responder · 👍 4 · 51 min
Miguel Arriaga
Miguel Arriaga

¿Cuánto tarda el envío?

Me gusta · Responder · 👍 1 · 1 h
Laura Téllez
Laura Téllez

Hola Miguel, el mío llegó dentro del plazo que indicaban. Me fueron mandando el seguimiento hasta que llegó.

Me gusta · Responder · 👍 2 · 24 min
Carlos Zamudio
Carlos Zamudio

Hace dos años, mi médico me diagnosticó síndrome del túnel carpiano. Ya había probado fisioterapia, infiltraciones y una muñequera para dormir y seguía despertándome con la mano completamente entumida; el médico decía que lo siguiente era plantearme la cirugía. Ya no podía sostener una taza mucho rato sin que empezaran los corrientazos y se me resbalaban las cosas constantemente. Empecé a usar TheraPulse hace seis semanas. No sé cómo explicarlo, pero siento que mi mano responde de otra manera, como si poco a poco hubiera vuelto a despertarse. Vuelvo a hacer el mandado sin estar cambiando las bolsas de una mano a otra. Es lo primero en más de dos años que siento que no se limita a tapar lo que me pasa.

TheraPulse
Me gusta · Responder · 👍 6 · 1 h
Gabriela Villaseñor
Gabriela Villaseñor

Tres infiltraciones en dieciocho meses. La primera funcionó de maravilla. La última duró apenas unas semanas. Mi médico empezó a hablar de cirugía y me entró el pánico. Una amiga me envió este artículo y, sinceramente, puse los ojos en blanco; había probado prácticamente todos los aparatos y muñequeras imaginables. Pero la explicación sobre los vasos que llevan oxígeno al nervio mediano por fin me ayudó a entender por qué nada había funcionado. Han pasado seis semanas y todavía sigo mejorando. No estoy al cien por cien, pero duermo mucho mejor y ya no vivo pendiente de cuándo se me va a dormir la mano.

Me gusta · Responder · 👍 2 · 2 h
Javier Valadez
Javier Valadez

¡Guau, esto es una locura, ya he pedido uno!

Me gusta · Responder · 👍 3 · 1 h
José Lomelí
José Lomelí

¿Compraste uno? ¿Cuánto tiempo tarda en llegar?

Me gusta · Responder · 👍 2 · 2 h
Elena Munguía
Elena Munguía

Sí. El mío llegó dentro del plazo que ponía en la página y pude ir siguiendo el envío.

Me gusta · Responder · 👍 5 · 2 h
Margarita Orozco
Margarita Orozco

Me despertaba a las 3 de la mañana casi todas las noches con la mano completamente dormida. Tenía que levantarme, sacudirla y esperar a que volviera la sensibilidad antes de poder acostarme otra vez. Me daba vergüenza contarle a mi familia hasta qué punto había dejado de confiar en mis propias manos. Lo del frasco que se menciona en este artículo: así era yo cada vez que tenía que abrir uno. Llevo cuatro semanas con TheraPulse y ahora hay noches en las que duermo de un tirón. Me levanto y no tengo que empezar el día sacudiéndome la mano. Solo eso ya lo vale todo.

Me gusta · Responder · 👍 1 · 3 h
Ricardo Jáuregui
Ricardo Jáuregui

¡Guau, se ve increíble! ¿Alguien tiene uno? ¿Lo han probado?

Me gusta · Responder · 👍 1 · 3 h
Ana Lizárraga
Ana Lizárraga

Sí, compré este dispositivo para mi madre, que lleva años con las manos dormidas por el túnel carpiano.

Me gusta · Responder · 👍 3 · 2 h
Lucía Escamilla
Lucía Escamilla

¡Acabo de pedir el mío! ¡Estoy deseando que llegue!

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Bárbara Covarrubias
Bárbara Covarrubias

¡¡¡Lo quiero muchísimo, me lo voy a comprar este fin de semana cuando me paguen, jajaja!!!

Me gusta · Responder · 👍 8 · 3 h
Antonio Treviño
Antonio Treviño

¿Alguien sabe cuánto tarda el envío? Quiero comprar uno para mi esposa.

Me gusta · Responder · 👍 1 · 4 h
Clara Mondragón
Clara Mondragón

Hola Antonio, el mío tardó varios días, pero me mandaron el número de seguimiento y pude ver por dónde iba.

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Mónica Ugalde
Mónica Ugalde

¡Tu esposa estará feliz! Yo se lo regalé a mi mamá y está encantada.

Me gusta · Responder · 👍 2 · 1 h
Roberto Olvera
Roberto Olvera

¡Me encanta mi TheraPulse!

Me gusta · Responder · 👍 3 · 4 h
Clara Mondragón
Clara Mondragón

¡Me encanta mi TheraPulse! Hoy tuve que pedir otro porque mi marido no para de agarrar el mío para probarlo.

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Daniela Macías
Daniela Macías

¡Dios mío, lo sé! Estaba tan contenta de que todavía hubiera unidades disponibles hoy. Llevaba semanas pensándolo y al final lo pedí antes de volver a echarme atrás.

Me gusta · Responder · 👍 5 · 2 h
Isabel Alcántar
Isabel Alcántar

¡Este producto me ha sorprendido muchísimo! Si alguna vez has usado uno de esos aparatos de electroestimulación con almohadillas y cables, sabes lo incómodo que puede ser terminar con todo enredado, y si quieres moverte por casa mientras lo utilizas es todavía peor. Con TheraPulse me coloco la muñequera, selecciono la intensidad y puedo hacer mi sesión sin estar pendiente de cables por todas partes. Es mucho más práctico para usarlo todos los días. Gracias a quien pensó en hacerlo así.

TheraPulse
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